PASS THE FORK — EPISODIO 2
Chef Wilo Benet | Wilo Eatery & Bar
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CARLOS: Bienvenido a Pass the Fork, donde el marketing se sirve en la mesa. Mi nombre es Carlos Bruno y hoy vamos a estar entrevistando a Wilo Benet, un amigo, un pasado cliente y uno de los mejores chefs que ha producido Puerto Rico. Así que bienvenido, Wilo.
Wilo ha sido una de las figuras prominentes de la gastronomía puertorriqueña por más de cuarenta años. Se formó en el Culinary Institute of America y adquirió experiencia en prestigiosos restaurantes neoyorquinos como Le Bernardin, The Water Club y Maurice at Le Parker Meridien. Fue chef ejecutivo en la Mansión del Gobernador de Puerto Rico en 1988 y, en 1990, abrió Pikayo, su primer restaurante y una propuesta de alta cocina. También fundó otros conceptos, como Payá y Varita; tuvimos el privilegio de ser su agencia de publicidad durante varios años.
También eres fotógrafo, un fotógrafo excepcional que ha logrado mezclar el arte de la fotografía con el arte de tu cocina, algo que no es fácil de hacer. Actualmente eres dueño y lideras Wilo Eatery & Bar, un concepto gastronómico ubicado en San Patricio Plaza, Guaynabo. Eres reconocido por fusionar la gastronomía criolla con técnicas internacionales de alto nivel. Eres autor, celebrity chef y empresario. Te damos la bienvenida a Pass the Fork.
WILO: Gracias. Un placer estar aquí.
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CARLOS: Vamos a empezar con una pregunta para romper el hielo. ¿Cuál es tu comida favorita?
WILO: Mira, no sé si tengo una comida favorita, pero me gustan muchas cosas. Si hablamos de sabores, mi combinación favorita es dulce y salado. Tanto me gusta que escribí un libro que se llama Salty Sweet. Cuando lees el libro te das cuenta de que esa combinación existe en muchísimas cosas, desde una hamburguesa con ketchup, aunque no siempre la categoricemos de esa forma.
Me encanta un buen burger sencillo. Me encanta muchísimo la cocina japonesa y me encanta la cocina criolla. Tengo una gama bastante amplia. Quizás sea más fácil contestarte diciéndote las tres cosas que no como.
CARLOS: Okay.
WILO: No como tiburón fermentado de Islandia. Como otras cosas fermentadas, como los thousand-year-old eggs chinos, que tienen un sabor un poco parecido al amoniaco, pero eso sí lo puedo comer. Icelandic fermented shark, no.
Tampoco merguez, la salchicha de cordero. Como cordero de todas clases, pero esa salchicha se prepara con lo que se llama mutton, que es un cordero más viejo y tiene un olor muy fuerte. No me agrada.
La tercera es por textura: los English scones. Los encuentro tan secos que siento como si se hubieran quedado a mitad de la receta y nunca hubieran evolucionado. Fuera de esas tres cosas, everything else is game.
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CARLOS: ¿Cuál es el lugar más remoto al que has ido para probar o preparar comida?
WILO: He estado en muchos lugares remotos y, últimamente, la cocina me ha llevado a muchísimos sitios por distintas razones. En los últimos tres años he estado en Islandia y Alaska; pero no el Alaska turístico, sino lugares remotos, sin señal de ninguna clase.
CARLOS: Recuerdo que hace unos años fuiste allí a tomar fotografías.
WILO: Sí, eso también fue parte del viaje. Por el vino hemos llegado a Australia y Nueva Zelanda. He estado en Japón, Singapur, Escocia y acabo de regresar de Irlanda. En varios de esos viajes hubo un componente en el que me tocaba cocinar. Me han invitado a cocinar en lugares como Japón, Irlanda, el área del mar Báltico y Portugal. Ellos cubren lo que te habría costado el viaje y tú aportas la experiencia culinaria. Me parece un intercambio extraordinario.
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CARLOS: Vamos a hablar un poco de branding, tanto del tuyo como del de tus restaurantes. Tu preparación comenzó en Nueva York, aunque entiendo que también hiciste un internship aquí en Puerto Rico.
WILO: Eso es correcto. Hice un internship aquí con el chef Augusto Schreiner y el resto del equipo, cuando Augusto todavía estaba en el Caribe Hilton y no tenía su propio restaurante.
Yo era un muchachito y mi papá me preguntó si quería hacer ese trabajo porque podía ayudarme a ser aceptado en el Culinary Institute. Me dijo: “Pero no pagan”. Le contesté: “No importa; yo lo hago”. No pagaban, pero yo estaba encantadísimo. Allí descubrí muchísimos platos y técnicas: duck à l’orange, prime rib, you name it. El primer ceviche de scallops me lo comí allí, en 1982. Podría seguir mencionando cosas que aprendí a comer y a preparar durante esa etapa.
Por eso es un lugar de gran orgullo para mí y un espacio de aprendizaje que me dio los pilares necesarios para entender la profesión antes de llegar al Culinary Institute of America.
[06:28]
CARLOS: Este podcast está enfocado en marketing, aunque la parte operacional siempre está presente porque todos sabemos que el negocio de restaurantes es pura operación. Háblanos de cómo ha evolucionado, a nivel de marketing, la imagen del chef desde tus comienzos en Nueva York —trabajando en restaurantes de altísimo nivel— hasta ahora.
WILO: Yo he visto esa evolución porque soy de antes de food television as we know it now. Siempre existía uno que otro programa con alguien cocinando, pero la figura del rockstar chef utilizada para propósitos de mercadeo no existía. Eso fue evolucionando poco a poco hasta que la figura del chef se convirtió en una pieza crítica del marketing.
El chef pasó a ser un great anchor: “Yo voy a este lugar por tal chef, porque cocina de esta forma o porque se comporta de esta forma”. Así los chefs fueron ganando popularidad y nació el rockstar chef as we know it.
Al principio de mi carrera yo no tenía mucha conciencia de nada que no fuera cocinar. Marketing was not even an issue that I was considering. En aquellos días, alrededor de 1990, mi concepto era Cajun-Creole. Lo escogí porque encontraba similitudes entre los sabores de Puerto Rico y Luisiana, pero también quería hacer algo diferente. Cuando uno es joven piensa que different is better. La gente comenzaba un diálogo con comentarios como: “Me gustaría, pero qué picante”. Aquello no trascendió.
Luego descubrí lo que podía hacer el mercadeo en prensa. El negocio estaba lento y yo propuse hacer una campaña alrededor del mofongo. Hasta ese momento yo no había cocinado comida criolla porque venía de otra escuela culinaria. Publicamos en el periódico un primer anuncio con un mofongo ilustrado. De pronto la gente comenzó a llegar y llegar, como si nunca hubiera comido mofongo. Fue algo increíble.
Desde ese momento hasta lo que hacemos ahora, todo se ha vuelto más sofisticado. Quisiera atribuirme el crédito, pero actualmente el mercadeo lo trabajan mi hijo Gonzalo, Charlie y el resto del equipo.
[10:05]
CARLOS: Pero los programas en los que has participado como chef también te impulsaron.
WILO: Claro. Uno va haciendo algunas cosas de manera deliberada y otras suceden by fate. Quisiera decirte que siempre tuve un plan y sabía que aquello me iba a catapultar, pero no fue así.
Mi nombre y el concepto del restaurante alcanzaron reconocimiento fuera de Puerto Rico cuando Pikayo estaba en el Museo de Arte de Puerto Rico y vino R. W. “Johnny” Apple Jr., escritor de The New York Times. Él publicó un artículo y comenzó a llegar atención de muchos otros lugares. Cuando eres joven y recibes de pronto toda esa atención, ciertamente te va colocando en otra posición.
La juventud puede hacer que te lo creas demasiado. Hay que aceptar el reconocimiento, porque es real, pero también mantenerse enfocado en really what matters.
[11:44]
CARLOS: ¿Quién dirías que ha sido tu mentor en todo esto y por qué?
WILO: Augusto Schreiner fue mi primer mentor, the very first ever. Tuve la oportunidad de compartir con él cuando era muy joven y siempre lo he considerado un chef de chefs.
Otra persona que me impactó profundamente en mi desarrollo profesional fue Christian Delouvrier, chef de Maurice at Le Parker Meridien. Imagínate estar frente a una figura como Gordon Ramsay gritándote veinte instrucciones. Quien no esté preparado mentalmente para esos rigores no va a sentirse cómodo con la presión. Es como la diferencia entre entrar al Army, los Marines o los Navy SEALs: el entrenamiento requerido para llegar a ciertos grados de proficiency es intenso.
Cuando estás en cocina durante el rush, la realidad es que la cosa se pone tensa. Hay que cuidar la calidad, el servicio y muchísimos otros factores. Esa presión no es para todo el mundo.
[13:16]
CARLOS: ¿Se te ha hecho difícil conseguir empleados o asumir ese reto?
WILO: No es fácil. Con las leyes laborales y todo lo demás ya no se puede entrenar de la forma en que se hacía antes. Hay que tener muchísimo cuidado. Pero, al final del día, el factor laboral está difícil.
[13:41]
CARLOS: Hablando de tu menú en Pikayo, lograste fusionar la cocina contemporánea que trajiste de Nueva York con un toque local y con la comida criolla. ¿Cómo ocurrió esa transición?
WILO: Creo que la transición comenzó antes de la historia del mofongo. Un día llegó al restaurante mi amigo, el director Marcos Zurinaga, y pidió un bistec. Yo nunca había preparado aquel bistec como él lo quería. Tomé un filet mignon, lo corté y, como ni siquiera tenía adobo en la cocina, utilicé polvo de ajo, polvo de cebolla y lo que tenía disponible. Así preparé mi primer bistec. No tenía las papitas fritas por encima y no era la versión que todo el mundo conoce ahora, pero aquello despertó mi curiosidad. De ahí salió más adelante la idea del mofongo y de otras preparaciones.
En esencia, trato de ver cómo puedo tomar algo que ya existe sin desanclarlo de su autenticidad, pero reshape it. Por ejemplo, la alcapurria. Los fundamentalistas podrán decir que mi alcapurria no es una alcapurria porque no tiene la forma alargada tradicional. La mía parece medio huevito. Pero ¿cuál es la diferencia entre la mía y la de Piñones? Ninguna en esencia. En Wilo Eatery & Bar cambiamos el aceite dos veces —y en ocasiones tres veces— por semana, dependiendo del volumen. Tenemos siete freidoras y cada cambio representa una inversión considerable. Ese cuidado también se refleja en el producto.
El elemento importante es tomar algo, respetar su autenticidad y reformularlo mediante técnicas de cocción. Por ejemplo, los pasteles se pueden preparar al vapor. Respeto a quienes sienten que “eso hay que hacerlo así” porque entiendo de dónde nace esa reacción, pero yo he preparado pasteles para mil personas en los James Beard Awards, en el Marriott Marquis de Times Square. Hicimos mil pasteles y tuvimos que encontrar una manera eficiente de cocinarlos, sacarlos de las hojas y servirlos correctamente. Estuvimos trabajando hasta las cuatro de la mañana y lo logramos exitosamente.
Se trata de aplicar técnicas de cocción, muchas derivadas de la tradición francesa. Los franceses son el epicentro de muchísimas técnicas que han impactado al mundo gastronómico. El demi-glace y muchos de los fundamentos de Fernand Point y Auguste Escoffier —quienes ayudaron a organizar la cocina francesa— todavía existen.
Luego llegaron los hermanos Adrià, que fueron impresionantemente creativos con el movimiento molecular. Eso ha ido y ha vuelto y todavía aparece en algunos lugares, pero no ha tenido el mismo staying power que los fundamentos franceses.
Mi formación mayor es francesa; however, la cultura oriental es más antigua y contiene muchísimo wisdom en la manera de preparar las cosas. De ahí también tomo elementos. Puedo decidir hacer un dumpling relleno de amarillos con foie gras; me lo acabo de inventar mientras lo digo, pero quién sabe si después lo pruebo. Eso es parte del proceso creativo. A veces escuchas un comentario, alguien dice algo o ves una idea y piensas: let’s just try this.
A lot of trial and error, by the way. Si puedo dejar un mensaje, es que trial and error is a critical point of success. Mucha gente dice: “Fallé; no me atrevo; no quiero seguir”. No. Hay que seguir hacia adelante.
[18:10]
CARLOS: Aquí en la agencia sabemos mucho de eso. Has hablado bastante de la influencia francesa. ¿Qué plato o preparación de influencia francesa te ha impactado más?
WILO: Probablemente uno de los primeros impactos grandes fue el beurre blanc. Es una salsa hecha a partir de una reducción de vino blanco, shallots y vinagre de vino blanco, que luego se monta con mantequilla. Aquello me impactó tremendamente. Yo quería un sorbeto para tomarme la salsa. Cada vez que pasaba una cuchara, quería recoger todo lo que quedaba.
Esa fue una de las primeras preparaciones, pero probablemente el concepto que más me ha impactado es el de la evolución de una gastronomía. Los franceses fueron los primeros en organizar y establecer una métrica de cómo hacerlo.
Por ejemplo, tienes que miniaturizar y condensar una idea. En un país como el nuestro, donde muchas veces less is not more, ¿cómo llevas una preparación a cuatro ingredientes que mantengan el core y toda la intensidad del plato, presentados de una forma muy sencilla? Las porciones son pequeñas porque la intención es servir cinco o seis platos, no un cerro como acostumbramos en Puerto Rico. Y yo disfruto ese cerro también, porque soy de Río Piedras y me gusta el arroz con habichuelas y carne.
Ese concepto de miniaturizar, escoger los componentes y construir una progresión de sabores es uno de los elementos generales más importantes de la cocina. También importa la presentación y cómo se siente la experiencia.
Otra cosa: todas las culturas que avanzan gastronómicamente tienen agriculturas igualmente sofisticadas. Cuando digo “sofisticadas” no me refiero necesariamente a que tengan muchísima tecnología, sino a que existen agricultores con otra perspectiva.
En Puerto Rico tenemos agricultores espectaculares, tanto industriales como pequeños, y nosotros les compramos a muchos. Uno de los hurdles que he encontrado con el tiempo es la inconsistencia: “Hoy no puedo ir porque llovió”, “hoy no puedo ir por esto o aquello”. Para sostener un supply chain tiene que existir un flujo constante de productos.
Una vez saqué una malanga en la finca de un tío en San Germán. Pensaba que sería fácil. Jalé y jalé, imaginando que saldría un malangón, pero era una malanguita así de pequeña. Desde ese día aumentó muchísimo mi respeto por el agricultor. Entendí lo difícil que es hacer todo correctamente y, aun así, perderlo porque llegó la lluvia y se llevó la cosecha.
Mi hijo mayor, Carlos, también ama la agricultura y tenía una finca de limones. La realidad es que pruebas un producto local y se nota.
Cuando viajas a Francia, por ejemplo, pueden servirte simplemente espárragos con mantequilla y piensas: “Oh, my God, estos espárragos”. Son espárragos y mantequilla, pero la mantequilla viene de una vaca que casi puedes ver desde el restaurante y los espárragos los cultivó alguien justo detrás, en el jardín. Mientras menos tengas que hacerle a un producto para llevarlo al plato y resaltar sus sabores y texturas, mejor. Vivir en un lugar con esa riqueza agrícola es una bendición.
[22:49]
CARLOS: A mí me encanta cocinar con mantequilla.
WILO: A mí también.
CARLOS: Pero en las últimas semanas mi esposa me ha estado haciendo cocinar con PAM por las calorías. No es lo mismo.
WILO: No es lo mismo. PAM puede funcionar para engrasar algo, pero no aporta lo mismo. Al final del día, si tienes una buena mantequilla, el sabor probablemente ya está ahí.
[23:22]
CARLOS: Hablemos un poco de la operación del restaurante. Siempre me has dicho —y te he escuchado decirlo públicamente— que correr un restaurante no tiene nada que ver con cocinar. Cuéntame un poco de esa frase.
WILO: Mi frase es: “Si fuera cocinar nada más…”. Tiene una serie de versiones; algunas son más graciosas que otras, pero me he quedado con “si fuera cocinar nada más”. Hasta la registré como hashtag.
¿Por qué? Porque, por lo general, el personaje dentro de una organización que impulsa la apertura de un negocio es quien cocina. Pero es importante aclarar que ser cocinero es una cosa, ser chef es otra y ser empresario es otra. Aunque esas funciones puedan tener lazos de familiaridad, no todo el mundo posee lo necesario para llevarlas todas a cabo.
Vienes, estudias, recibes todo el training, te sientes capacitado y quieres abrir un restaurante. Pero un restaurante es un ejercicio de administración, contabilidad y reporting. Tienes que asegurar que la comida esté bien, que todo esté en orden, que los libros estén saludables, que haya suficientes empleados para prestar un servicio adecuado y que puedas generar el volumen necesario.
Hay personas que abren un negocio sin saber nada de eso y les va espectacular porque tuvieron un hitazo: estaban in the right place at the right time. Pero esa no es la historia de la mayoría; representa un porciento mínimo.
[25:16]
CARLOS: Al final del día, ¿cuál sería el parámetro más importante que alguien debe considerar al abrir un restaurante?
WILO: Entender a quién le está sirviendo. La gente me dice: “Voy a hacer un restaurante de Miami”. Pero no estás en Miami. Yo abriría aquí porque conozco este mercado: sé cómo se comportan las personas, cuáles son sus gustos y cuál es su tolerancia.
Una idea espectacular no necesariamente se transforma en un gran restaurante. Puede convertirse en un producto digno de reconocimiento, pero eso tampoco significa que hayas alcanzado las eficiencias necesarias para que la máquina funcione.
Hay máquinas que tienen éxito y otras que no. It goes all over the place. Operar un restaurante requiere mucho más que cocinar. También debes asegurarte de que la comida sea buena y, sobre todo, consistente.
Uno de los negocios de fast food más exitosos del mundo no lo es porque sus hamburgers sean extraordinarios. Yo me comí uno viniendo para acá porque como de todo. ¿Por qué es tan exitoso? Porque es consistente. Consistencia es el nombre del juego.
La perfección aniquila el éxito económico. A menos que tengas un grupo específico de clientes y estés en una ciudad como Londres o Nueva York, donde existe suficiente poder adquisitivo para servirles a diez personas una experiencia perfecta y cobrarles dos mil dólares a cada una.
Pero ¿how long is that going to last? Esos clientes te apoyarán mientras mantengas ese grado de perfección, pero, como tienen tanto poder adquisitivo, eventualmente aparecerá alguien que lo haga un poco mejor o diferente. Se moverán al próximo lugar y tú te quedarás seco, a menos que estés dispuesto a pivotear. Ese es un critical point: entender continuamente las necesidades del grupo al que decidiste servir.
[27:43]
CARLOS: Estoy cien por ciento de acuerdo con que la consistencia es clave. Nosotros hemos trabajado con varias franquicias durante los años que llevamos con la agencia y uno de los temas principales que hemos visto es la importancia de la consistencia, no solamente en la operación, sino también en el marketing. Hacer un marketing bien pensado y sostenido es lo que lleva al éxito de la comunicación de una franquicia.
Una de las cosas que he visto al hablar con chefs y dueños de restaurantes durante los últimos meses es que no necesariamente piensan tanto en marketing. Imagino que es porque están muy encapsulados en la operación. ¿Cómo llegaste a incorporar esa parte del marketing en tu negocio?
WILO: Tengo que hablar de otras personas que tú conoces muy bien, como Raúl, a quien le debo mi conciencia administrativa. Cuando yo era solamente el artista, él era quien se encargaba de la parte comercial del negocio.
Raúl —a quien le digo Bico— es mi compadre, mi hermano y un gran amigo. Él fue quien me enseñó. Fue la primera persona que me habló de poner anuncios y hacer campañas de mercadeo. Yo pensaba: just make the food really good and people will come. Parte de eso puede ocurrir, pero no es suficiente.
Veo el marketing de la misma manera que las finanzas. Quizás eres el chef creativo que desarrolla las recetas y se asegura de que todo ocurra correctamente. Pero, igual que con las finanzas, tienes que observar el marketing consistentemente para saber si te estás alejando del objetivo, si estás perdiendo dinero o si necesitas hacer ajustes.
Hay que preguntarse dónde puedes improvisar para atraer más personas y cómo darles a conocer el producto. Hoy, con las redes sociales, es otro tema. En Wilo Eatery & Bar, Charlie se encarga de esa parte. No soy yo.
Ella puede decirme: “Mira, bro, tenemos que hacer una toma contigo hablando del arroz con pollo”. Yo me pongo mi camisa, hago la toma y disfruto el proceso creativo. Y funciona. Ya está probado que cuando aparezco yo o aparece Gonzalo en el video, el contenido explota.
Ahora estamos empezando a medir otras cosas. Por ejemplo, si presentamos el filet mignon en determinada fecha, queremos saber cuál fue el upswing, if any, después de esa campaña. ¿Cuánto más arroz con pollo vendimos después de publicar aquel anuncio? Lo medimos.
La respuesta cambia: algunas veces el efecto es pequeño, otras veces es enorme y otras no ocurre nada. It goes all over the place. No hay una reacción consistente. Pero medirlo todo en la operación es tan importante como medirlo todo en marketing. Mucha gente creativa se siente incómoda con la administración, pero esa medición es necesaria.
[31:48]
CARLOS: Cuando hablas de medir, ¿revisas los KPIs semanalmente?
WILO: Tenemos reportes diarios, semanales y mensuales. Vemos cuánto vendió cada cosa y qué porciento de las ventas representa. El bistec siempre queda número uno. Otros platos fluctúan. Por ejemplo, el tercero que más vendemos es el salmón. Ahora comenzamos a comparar esos resultados y a mejorar las proyecciones.
[32:34]
CARLOS: Hablemos de la comida para llevar, la parte de to-go. Desde que trabajábamos contigo en Payá, recuerdo que constantemente hacías pruebas con productos como las bolitas de queso para determinar cómo refrigerarlos y venderlos para llevar. Háblame de ese negocio.
WILO: Qué interesante. Estamos hablando de alrededor de 2004. Desde entonces hasta 2026 llevo una parte de mi cerebro dedicada al empaque y a desarrollar ese tipo de producto.
Cuando llegó el huracán María dejamos atrás el fine dining y la mantelería e hicimos el shift hacia un concepto nuevo y más ecléctico. Yo venía con la idea de que debíamos tener comida preparada. Arrancamos y seguimos experimentando y preparándonos.
La comida preparada parece algo inocente: una neverita, colocas el producto en un envase, le pones una tapa y ya. Pero no. Requiere un staff y una cantidad de equipo especializado, como blast chillers y otras herramientas. Cuando cocinas en volumen tienes que vigilar cuidadosamente la temperatura y muchos otros factores para asegurar que la comida no se dañe en ninguna etapa.
[34:04]
CARLOS: Mirando hacia atrás en tu trayectoria —entre la cocina, los libros, los programas de televisión como Top Chef Masters y Sabor a Wilo, y tu trabajo como celebrity chef—, ¿cuál ha sido el mayor aprendizaje que te ha dejado la industria como chef empresario?
WILO: ¿Te refieres a la participación en esos programas o a la industria en general?
CARLOS: Cuando trabajábamos contigo, coincidió con tu participación en Top Chef Masters y también con tu programa. ¿Cómo cambió eso tu perspectiva? ¿Te ayudó o fue simplemente otra experiencia?
WILO: No sé si tengo una contestación completamente sólida, pero sí recuerdo algo que me impactó. En aquel momento yo todavía le daba mucho más valor a la reputación y a la figura pública. Siempre le he dado valor a la reputación; vivimos todos los días para defenderla.
Cuando participas en esos programas hay un grado de manipulación que no es evidente para quien ve el show. Iron Chef, por ejemplo, no se produce realmente en una hora: son muchas horas concentradas en una hora de televisión.
CARLOS: Recuerdo que te tocó cocinar corazón.
WILO: Yo nunca había cocinado corazón. Te dan el ingrediente y tienes un momento en el que te rascas la cabeza. Yo manejé la situación desde mi experiencia: “No conozco este pedazo de carne y nunca lo he cocinado. Voy a picarlo bien finito por si acaso es duro, para que resulte lo menos chewy posible”. De ahí salió el plato.
Uno de los jueces me dijo: “Este es el corazón más tierno y sabroso que yo me he comido, ever”. Yo había preparado una tripleta de corazón. El problema fue que era demasiado grande, pero le expliqué que, de donde yo vengo, el street food es grande: un sándwich de tripleta es un aparato.
Ese tipo de experiencia enseña mucho. Pero pienso que el valor más importante no está en los reconocimientos ni solamente en la figura pública. La reputación también se fortalece cuando estás metido en tu negocio, vigilando todos los detalles y proporcionando una consistencia tremenda.
No estoy diciendo que las personas no persigan sus sueños ni participen en competencias; eso es saludable profesionalmente. Pero, si planifican tener operaciones comerciales, todo el trabajo cotidiano dentro del negocio aporta todavía más valor.
[37:06]
CARLOS: Para terminar, tengo unas rapid-fire questions. Todo está relacionado con comida.
¿Cuál es tu aperitivo favorito?
WILO: Cóctel de camarones con horseradish, y que tenga mucho horseradish.
CARLOS: ¿Y una bebida o trago?
WILO: Un spritz. Ahora hay uno que se llama Hugo Spritz, que me enseñó la novia de uno de mis hijos.
CARLOS: Lo he escuchado, pero no lo he probado. ¿Un plato principal?
WILO: Para mí no existe un solo go-to, pero diría un Beef Wellington bien preparado.
CARLOS: ¿Y postre?
WILO: Un apple pie homemade estaría espectacular con helado de vainilla. También me gustan las frutas cocidas o frescas. Soy frutero; como frutas casi todos los días.
[38:21]
CARLOS: Un millón de gracias por venir. Espero que hayas disfrutado la experiencia. Te dejaré saber todo lo que estamos haciendo. Ahora te voy a pedir que me firmes el libro.
WILO: Claro, con gran gusto. Para mí fue un placer. Lo disfruté muchísimo. Siempre que entiendas que puedo aportar algo a lo que estás haciendo, tienes mi número: me llamas y sabes que llego.
CARLOS: Muchísimas gracias.
[38:51]
CARLOS: Esto es Pass the Fork. Muchas gracias a Wilo Benet por acompañarnos en este segundo episodio de nuestro podcast. Gracias por venir y nos vemos en la próxima.